Las gentes: una sociedad estamental La estructura de la España del siglo XVII es la de una sociedad estamental, con una pirámide jerárquica cuya cúspide ocupa el rey e inmediatamente después un grupo de altos nobles, de Grandes de España, con lujo, riquezas y privilegios, que contrastan, drásticamente, con la mala situación de amplios sectores de la sociedad.
Pero los prejuicios de nobleza atraviesan medularmente esta sociedad, como muestran, por ejemplo, los hidalgos pobres, pero orgullosos de estar en los márgenes de la nobleza.
Entre la nobleza y la población marginal de pícaros, delincuentes, trotamundos de la vagancia…, hay muchos escalones en la pirámide estamental: distintos grados de nobleza, profesiones liberales, clero, pueblo trabajador… Los prejuicios de limpieza de sangre, honor como patrimonio del alma (frente al honor estamental), determinadas formas de entender la religión…, organizan la convivencia en esta sociedad estamental.
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado; mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado. Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si ella quisiere, y aun sabrá querello;
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?
*** ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas. ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas? Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto el mal que me dejastes;
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
*** En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena; y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena: coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza su costumbre.